2 de agosto de 2016

'Donde aúllan las colinas'

NOS ha llamado la atención esta novela de Francisco Narla (Lugo, 1978) por varias y simples razones: por su brevedad, por no formar parte de una serie y por ser su autor español. Estos son requisitos que, en orden inverso y hoy por hoy, nos imponemos a la hora de leer una novela histórica de temática grecorromana.

Luego, hemos visto en ella una forma de narrar poco convencional. Ejemplo (pp. 14-15):
<< Eran hombres de rostros cincelados, con las trazas de haber sido engendrados en forjas. Encurtidos en sangre derramada. Asomando bajo los correajes, llevaban apiñadas cicatrices que mentaban guerras libradas en los confines del mundo. El tinte de rubia en sus capotes eran apenas un pálido recuerdo encarnado. Disciplinados, habían formado al borde de la arboleda. Y sus monturas, inquietas, cabeceaban más allá, sacudiéndose de los flancos el sudor del largo viaje.>> 
También el argumento se sale de lo habitual. En los días en los que Julio César ejerce el poder absoluto en Roma, un lobo va persiguiendo a una patrulla de seis hombres desde las «tierras mágicas» (p. 65) del noroeste de Hispania hasta el centro de Roma. El lobo se mueve por venganza, el grupo por lealtad; y en el fondo está la codicia de los poderosos. «Nos cazará, uno a uno» (p. 55), vaticina refiriéndose a la fiera uno de los personajes. Entre estos destacan el veterano centurión Lucio Trebellio y el trampero hispano Cainos; pero los seis hombres, además de César, están muy bien caracterizados, con precisión y economía de medios.

El protagonista en todo caso es el lobo. No un lobo corriente, sino un superlobo. Un lobo capaz de recorrer inmensas distancias y de orientarse en la caótica Roma (bien descrito el Esquilino, p. 109) para consumar su objetivo. Nos parece inverosímil, pese a que se diga, casi al final, que «no era más que un lobo» (p. 239); la novela se acerca entonces a la fantasía (a la fantaciencia, respondiendo además a un esquema de thriller de persecución) y derrapa.

El texto se estructura en escenas paralelas, exhibe un estilo conciso, vigoroso y tajante, contiene pasajes de sabor épico, sintaxis clásica (ablativos absolutos, predicativos), combinaciones léxicas inusuales, pero también incorrectas («granjear el paso», p. 22), ininteligibles («los años retiran confianza», p. 107), anacrónicas («una verdad incómoda», p. 171), extrañas («muerte vertida de a poco», p. 239) o infumables («el lobo negociaba la esquina», p. 209).

Descontados estos detalles, de Donde aúllan las colinas (2015) nos quedamos con las descripciones de lugares y personajes en el contexto clásico, el modo de narrar la historia, la originalidad de la trama y la intensidad y la pasión de su escritura. Por todo ello y más merece la pena leerse y es altamente recomendable.


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