28 de noviembre de 2015

El 'curriculum' sin latín de Leonardo da Vinci

SI además de relación de datos personales e historial de méritos entendemos por curriculum vitae (CV) las capacidades que uno puede desarrollar en determinada profesión, el más famoso de la Historia seguramente sea el que presentó Leonardo da Vinci (1452-1519) a Ludovico Sforza (llamado el Moro), duque de Milán, en 1482.

Comienzo de la carta de presentación de Leonardo da Vinci a Ludovico Sforza, duque de Milán
(Códice Atlántico, fo. 1082r)

Se trata, en realidad, de una carta de presentación, hoy elevada al rango de «carta histórica memorable», en la que el artista, mucho antes de haber realizado sus universalmente admirados capolavori en pintura, ofrecía sus servicios como ingeniero militar.

Escrito en italiano, el texto desliza alguna palabra suelta en latín. 

Mi muy ilustre Señor, habiendo visto y considerado suficientemente las invenciones de todos aquellos que se consideran maestros y artífices de instrumentos de guerra, y que la invención y desarrollo de dichos instrumentos no son nada diferentes de aquellas del uso común, intentaré, sin perjudicar a nadie, explicarme a su Excelencia, mostrando a su Señoría mis secretos y ofreciéndolos de inmediato a su mayor placer, en el momento oportuno, para la demostración de todas las cosas que brevemente, en parte, serán aquí abajo anotadas.  

1. Tengo planos de puentes ligerísimos y fuertes, adaptados para ser fácilmente transportados para salir en persecución o, cuando sea necesario, escapar de cualquier enemigo; y otros seguros y resistentes al fuego y a la batalla, fáciles de elevar. También, métodos para quemar y destruir los puentes de los enemigos. 

2. Sé cómo, cuando una plaza ha sido sitiada, sacar el agua de las trincheras, y realizar infinitas variaciones de puentes, caminos cubiertos y escaleras, y otras máquinas pertinentes en dicha ocasión.

3. Item si por la altura de los terraplenes o la fuerza del lugar y su posición, es imposible, cuando se sitie una plaza, bombardear el lugar, tengo métodos para destruir cada roca u otras fortalezas, incluso si tienen su base en una roca, etcetera.

[...] 10. Item puedo realizar escultura en mármol, bronce o arcilla, similiter in pictura cualquier cosa que esté a la altura de cualquiera, sea quien sea.

Sólo palabras sueltas, pues el latín de Leonardo, por paradójico que ello sea en quien es el símbolo por excelencia del Renacimiento, no pasa de aquí: no le interesó más allá de lo que estudió en la escuela primaria, de los siete a los doce años. Un inconveniente que le había impedido conocer las obras científicas de los clásicos y medievales y que lamentaría ya tarde. Omo sanza lettere ('hombre sin letras'), es decir, desconocedor del latín, se definía a sí mismo.

Entre los pocos libros de su biblioteca figuraban OvidioEsopo, Livio, Plinio, Diógenes Laercio

Tampoco la Antigüedad clásica como motivo —la mitología, por ejemplo— fue de su interés: solo pintó, o dibujó, una Cabeza de Medusa, una Pomona, un Triunfo de Neptuno, un Baco, una Leday nada más que se sepa, obras, algunas de ellas, desaparecidas o destruidas.

Escaso currículum clásico el de Leonardo da Vinci. Está claro que, precisamente él, no lo necesitaba.