12 de diciembre de 2013

La Villa de los Papiros


LA Villa de los Papiros es una extraordinaria exposición que los estudiosos del mundo clásico no deben perderse en la medida de lo posible (Casa del Lector, Madrid, 18 octubre 2013-23 abril 2014).

La exposición muestra cómo escribían y leían los romanos de la Antigüedad tomando como hilo conductor la Villa de los Papiros, sita en Herculano, ciudad que, junto con Pompeya, fue sepultada por la erupción del Vesubio del año 79 d. de C. Este lujoso complejo suburbano al borde del mar puede verse reconstruido virtualmente en dos espectaculares audio-visuales en las primeras salas de la exposición. 


(En nuestros días, la Getty Villa de Malibù, en California, reproduce fielmente el diseño de la Villa de los Papiros de Herculano).

En esta enorme mansión fueron descubiertos en 1752 unos 1800 rollos de papiro carbonizados, escritos en griego, que formaban la única biblioteca que se conserva de la Antigüedad. Muchos son obras de Filodemo, un filósofo y poeta griego del siglo I seguidor de la ética de Epicuro. Las enseñanzas de Epicuro tenían lugar en el jardín rodeado de columnas de la casa griega, denominado peristilo, y buscaban conseguir la felicidad mediante el cultivo del placer (un placer sin dolor; placer en griego es hedoné, de donde procede el término 'hedonismo'), el rechazo de la política, el no temor a la muerte y, sobre todo, la amistad como placer supremo:
 << La amistad va recorriendo la tierra como un heraldo que nos invita a la felicidad>>,
leemos en una de las paredes de la exposición, bella máxima de Epicuro. 

El probable dueño de la villa, Lucio Calpurnio Pisón Cesonino, fue suegro de César y cónsul en 58 a. de C. En Herculano recreó a gran escala el jardín epicúreo. Un gran peristilo porticado, una gran piscina rectangular, una colección de estatuas de bronce y mármol en derredor (muestras de ellas en una de las salas) formaban un lugar ideal para los placeres intelectuales, por no hablar de los sensoriales que proporcionaban las vistas al golfo de Nápoles desde otros puntos de la villa.  


El tablinum o despacho de la casa se nos ofrece reconstruido por medio de un cave (Cave Automatic Virtual Environment), método tecnológico que consiste en la proyección sobre las paredes de la habitación de imágenes generadas por computación gráfica con el fin de crear un ambiente tridimensional envolvente y con ello una «experiencia inmersiva» en el espectador.



Más adelante, la oscuridad del pasado deja paso a la claridad que supuso el descubrimiento de Herculano tras las excavaciones borbónicas del siglo XVIII. Desde este momento las salas ofrecen «relecturas dieciochescas» de la Villa de los Papiros: artística, científica (con la máquina de desenrrollar papiros que inventó el escolapio Antonio Piaggio) y editorial o bibliográfica. 

El visitante acaba el recorrido delante del famoso retrato de Terencio Neo y su esposa, cuya ubicación habitual es el Museo Arqueológico de Nápoles. La joven pareja pompeyana nos observa desde el otro lado del tiempo, sin sospechar que dos mil años después de posar ante el pintor serían ellos los observados por ojos tan curiosos como los suyos. Él apoya la barbilla en un libro —un volumen—, ella sostiene unas tablillas y se lleva un punzón a los labios, como pensando lo que va a escribir. Ambos comparten el mundo de la escritura y la lectura, quizá de la literatura. Un broche de oro para una magnífica exposición.



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