10 de enero de 2016

Seductoras mujeres de Roma

LA exposición Mujeres de Roma. Seductoras, maternales, excesivas (Madrid, CaixaForum, 4 nov 2015-14 feb 2016) se articula en torno a los distintos tipos de mujeres que fueron representadas en el arte romano (esculturas, pinturas, mosaicos, joyas, pequeña estatuaria), en el ámbito doméstico y privado, y se ilustra con 178 piezas, todas ellas procedentes del Museo del Louvre. El mundo femenino de la antigua Roma se ofrece a nuestros ojos a través únicamente de la información que nos proporcionan estas imágenes.

Los retratos de las mujeres romanas se nos muestran en bustos de mármol en los que cobra especial importancia el peinado, sujeto a la evolución de las modas, a la influencia de la emperatriz de turno o al uso de pelucas; sirve el peinado, a falta de otras precisiones arqueológicas, para fechar cada pieza en cuestión. Perviven, por otro lado, bellos retratos de mujeres pintados «a la encaústica» sobre paneles de madera.

Esposa y madre eran las cualidades más valoradas de las mujeres romanas. Como tales aparecen representadas en actitud ejemplar, púdica y noble y con vestimenta decorosa. Si la vida política y social estaba reservada a los varones, en el ámbito religioso la mujer cumplía un papel primordial en los cultos mistéricos consagrados a Ceres —los misterios de Eleusis—, en los que grupos de mujeres ofician rituales secretos relacionados con el ciclo de la agricultura y la fecundidad. 

Juno, Minerva, Diana y Venus son, además de Ceres, otras diosas a cuya protección acudían las antiguas romanas.

La castidad estaba amparada por Minerva y Diana, diosas castas y feroces que viven alejadas de los hombres y rehusan cualquier relación física con ellos. Son merecedoras de respeto precisamente porque no asumen las funciones de esposa y madre asignadas a la mujer romana. Minerva protegía las artes y a los artesanos y era también diosa de la guerra. Lleva escudo, lanza, casco y égida; gorgonas, grifos y serpientes eran signos distintivos de Minerva, la Atenea de los griegos.

Diana, hermana de Apolo, es cazadora, virgen y terriblemente celosa de su pureza. Vive en los bosques con sus compañeras y rodeada de perros. Porta arco y aljaba. Viste quitón corto que le facilita el movimiento en el mundo salvaje. Vela por los cazadores, que tienen la obligación de venerarla. Diana es la diosa protectora de las amazonas, pueblo mítico formado únicamente por mujeres que solo toleraban a los hombres como esclavos e instrumentos de perpetuación de su raza. Las amazonas mutilaban o mataban a los hijos varones y solo conservaban a las hembras, a las que extirpaban un pecho para servirse mejor del arco y la lanza.

Las fuerzas de la naturaleza (o numina) adoptan forma femenina en muchos casos. La Fortuna, dueña de los destinos humanos, porta el cuerno de la abundancia, y Selene rige los ciclos lunares. Son seres femeninos las estaciones (las Horas) y los vientos. La Victoria, que tiene alas y favorece a uno u otro bando, simboliza el triunfo y, si se pinta en la casa, el deseo de paz y prosperidad. Las ninfas aportan juventud y vitalidad a los ríos, que, ancianos como son, descansan echados en el suelo. 


Mujeres seductoras. En el orden espiritual, las Musas. En el orden físico, las tres Gracias y Venus. 

Las Musas representaban el perfeccionamiento del espíritu a través de las diversas artes y técnicas. Inspiran a quien las invoca, y su presencia en el espacio semipúblico de la domus propiciaba en el invitado la iluminación y el entusiasmo.   

Calíope, musa de la poesía épica
En Roma existía la tradición del simposio griego, donde se debatía sobre la naturaleza del deseo amoroso. En el Juicio de Paris se veía a una Venus victoriosa (Venus Victrix), y los generales romanos se encomendaban a su protección, si bien César y después Augusto prefirieron acogerse a una Venus progenitora (Venus Genitrix), como madre del troyano Eneas, héroe fundador del pueblo romano y del linaje (gens) del propio César.

En el arte, había distintos modelos de Venus, heredados del arte griego: la Venus púdica, la Venus desatándose la sandalia, la Venus de los jardines, la Venus Urania, la Venus Anadiomena (surgida de las aguas).

Las mujeres reales no aparecen desnudas. Desnudas, solo diosas o criaturas semidivinas, provocadoras de la seducción física, como las tres Gracias, que gozan de cuerpos perfectos, voluptuosos, llenos de gracia y armonía. Ya sea en las paredes de la casa, ya en espejos, se representan escenas mitológicas eróticas, como las parejas de Ío y Argo, Galatea y Polifemo, o Leda y Júpiter metamorfoseado en cisne. Son éstas fantasías que antes estaban reservadas al lupanar y ahora han invadido el espacio doméstico y cotidiano. 

Dioniso, el dios del vino y el teatro, vivía rodeado de mujeres. Aparte su madre Sémele y su esposa Ariadna, le rendían culto las ménades o bacantes (Baco era el nombre que los romanos dieron a Dioniso), que le siguen entusiasmadas (etimológicamente, 'poseídas por el dios') en sus fiestas orgiásticas y escandalosas. Las bacanales fueron prohibidas por el Senado romano el 186 a. C., pero Julio César, 140 años más tarde, las reimplantaría. 

Los cultos dionisíacos se desarrollaban en privado, y así aparecen reflejados en las paredes del famoso triclinio de la Villa de los Misterios de Pompeya, aunque también se ha podido pensar que lo que allí se representa son los preparativos de boda de una joven romana. A Dioniso le acompaña una escolta o tíaso conformada por sátiros y silenos procaces, y por las ménades, cuyas danzas extáticas se desenvuelven en un ambiente frenético.


Cuando se representa una mujer monstruosa, se hace como señal de advertencia: Medea (pues dio muerte a sus propios hijos para vengarse de Jasón) o Pasífae (que concibió un amor nefando con un toro) cumplen el papel simbólico de proteger la casa de criaturas nocivas, papel denominado apotropaico. Las sirenas, seres mitad mujer mitad pájaro, se convierten en antefijas de los tejados. La gorgona Medusa transformaba en piedra a todo aquel que osara mirarla a los ojos. Otro ser fronterizo entre la persona y el monstruo es Hermafrodito, criatura bisexuada que juega con el efecto sorpresa.

El recorrido por el mundo de la mujer en la antigua Roma a través de sus imágenes no ha podido ser más ilustrativo en esta magnífica exposición, cuyas explicaciones culturales hemos tratado de resumir en esta entrada.

28 de noviembre de 2015

El 'curriculum' sin latín de Leonardo da Vinci

SI además de relación de datos personales e historial de méritos entendemos por curriculum vitae (CV) las capacidades que uno puede desarrollar en determinada profesión, el más famoso de la Historia seguramente sea el que presentó Leonardo da Vinci (1452-1519) a Ludovico Sforza (llamado el Moro), duque de Milán, en 1482.

Comienzo de la carta de presentación de Leonardo da Vinci a Ludovico Sforza, duque de Milán
(Códice Atlántico, fo. 1082r)

Se trata, en realidad, de una carta de presentación, hoy elevada al rango de «carta histórica memorable», en la que el artista, mucho antes de haber realizado sus universalmente admirados capolavori en pintura, ofrecía sus servicios como ingeniero militar.

Escrito en italiano, el texto desliza alguna palabra suelta en latín. 

Mi muy ilustre Señor, habiendo visto y considerado suficientemente las invenciones de todos aquellos que se consideran maestros y artífices de instrumentos de guerra, y que la invención y desarrollo de dichos instrumentos no son nada diferentes de aquellas del uso común, intentaré, sin perjudicar a nadie, explicarme a su Excelencia, mostrando a su Señoría mis secretos y ofreciéndolos de inmediato a su mayor placer, en el momento oportuno, para la demostración de todas las cosas que brevemente, en parte, serán aquí abajo anotadas.  

1. Tengo planos de puentes ligerísimos y fuertes, adaptados para ser fácilmente transportados para salir en persecución o, cuando sea necesario, escapar de cualquier enemigo; y otros seguros y resistentes al fuego y a la batalla, fáciles de elevar. También, métodos para quemar y destruir los puentes de los enemigos. 

2. Sé cómo, cuando una plaza ha sido sitiada, sacar el agua de las trincheras, y realizar infinitas variaciones de puentes, caminos cubiertos y escaleras, y otras máquinas pertinentes en dicha ocasión.

3. Item si por la altura de los terraplenes o la fuerza del lugar y su posición, es imposible, cuando se sitie una plaza, bombardear el lugar, tengo métodos para destruir cada roca u otras fortalezas, incluso si tienen su base en una roca, etcetera.

[...] 10. Item puedo realizar escultura en mármol, bronce o arcilla, similiter in pictura cualquier cosa que esté a la altura de cualquiera, sea quien sea.

Sólo palabras sueltas, pues el latín de Leonardo, por paradójico que ello sea en quien es el símbolo por excelencia del Renacimiento, no pasa de aquí: no le interesó más allá de lo que estudió en la escuela primaria, de los siete a los doce años. Un inconveniente que le había impedido conocer las obras científicas de los clásicos y medievales y que lamentaría ya tarde. Omo sanza lettere ('hombre sin letras'), es decir, desconocedor del latín, se definía a sí mismo.

Entre los pocos libros de su biblioteca figuraban OvidioEsopo, Livio, Plinio, Diógenes Laercio

Tampoco la Antigüedad clásica como motivo —la mitología, por ejemplo— fue de su interés: solo pintó, o dibujó, una Cabeza de Medusa, una Pomona, un Triunfo de Neptuno, un Baco, una Leday nada más que se sepa, obras, algunas de ellas, desaparecidas o destruidas.

Escaso currículum clásico el de Leonardo da Vinci. Está claro que, precisamente él, no lo necesitaba.

7 de octubre de 2015

'Primus inter pares'

LA Selección española de baloncesto ha ganado el Eurobasket 2015 luchando y sufriendo. Nos hemos puesto de rodillas ante el televisor arrebatados por las proezas de este equipo y la actuación estelar de uno de sus jugadores, Pau Gasol.


Pero, según ha declarado su entrenador, Sergio Scariolo («serio, trabajador, educado, elegante», italiano), aun siendo el líder del equipo, Gasol «sólo ha sido un primus inter pares» —es decir, un primero entre iguales—, «uno que está por encima del resto [del equipo], pero que está junto al resto, con un punto más de talento, de experiencia, y que pone todo esto al servicio del equipo». El latinismo ha sido preciso y precioso («Mis estudios», ha musitado Scariolo), y la explicación, perfecta. 

En el mundo clásico, primus inter pares se ha usado para calificar a Agamenón, rey de Micenas, caudillo de la coalición de reyes aqueos que marcharon contra Troya al rescate de Helena; superior a los demás en riquezas, pero igual en dignidad y rango. Por otra parte, el emperador Augusto dejó escrito (Res gestae 34): «Fui superior a todos en autoridad, pero no tuve más poderes que cualquier otro de los que fueron mis colegas en las magistraturas». De este modo se declaraba primus inter pares ante el Senado romano con un gesto de pura apariencia.

30 de julio de 2015

Últimas noticias de Plutón

DESPUÉS de nueve años y medio de navegación espacial, la sonda New Horizons se ha acercado a 12.500 km de la superficie de Plutón y, desde esa distancia, ha descubierto algunas novedades que ha enviado y seguirá enviando a la Tierra. La más llamativa hasta ahora es la existencia de montañas heladas y de actividad geológica en su superficie.

Plutón fue descubierto por Clyde Tombaugh en 1930. El nombre se le ocurrió a una niña de Oxford llamada Venetia Burney, y pronto fue aceptado. El noveno planeta —pudo ser así la historia— debía tener, como los demás, un nombre de la mitología clásica. Hades significa 'invisible', y Plutón, allá en los confines del sistema solar, era muy difícil de distinguir, casi invisible. Además, las iniciales PL coincidían con las de Percival Lowell, astrónomo y matemático que había postulado la existencia de un planeta X más allá de Neptuno. 

Recreación artística, imaginaria, de Plutón (Ron Miller)

En 2006 Plutón perdió la categoría de planeta, para ser reclasificado como "planeta enano" (es, en efecto, más pequeño que la Luna). 

Tiene cinco satélites, también con nombres de la mitología clásica: Caronte (el principal de ellos, descubierto en 1978), Nix, Hidra (descubiertos ambos en 2005), Cerbero y Estigia (en 2011 y 2012).


Veamos brevemente quiénes eran cada uno de estos personajes.

Hades era el dios del infierno, región subterránea que le tocó en suerte en el reparto del mundo que hubo entre él y sus hermanos Zeus y Posidón. Tenía un aspecto repelente: triste y pálido, pues en el inframundo no le llegaban los rayos del sol. Solamente abandonó su morada una vez para raptar a su sobrina Perséfone. Se le nombraba con el eufemismo de Plutón, 'el Rico' (de donde plutocracia 'gobierno de los ricos'), porque se entiende que las entrañas de la tierra son fuente de riquezas. En su reino albergaba a los muertos.

El dios también da nombre al lugar. Al Hades llegaban las almas de los difuntos, conducidas por Hermes. Allí les aguardaba Caronte, el barquero viejo, feo y de barba hirsuta y gris, que las transportaba en su barca (sin remar, usando una pértiga) a través de la laguna Estigia hasta el interior del infierno. Caronte sólo admitía aquellos muertos que habían sido sepultados o incinerados, y cobraba por la travesía un óbolo, que los fallecidos llevaban debajo de la lengua. La Estigia o Estige era una laguna o río femenino cuyas aguas tenían propiedades mágicas: en ella bañó Tetis a Aquiles con la intención de que fuera invulnerable.

J. Patinir: El paso de la laguna Estigia (1520). Madrid, Museo del Prado

El Can Cerbero (o Cérbero) era el perro guardián del Hades (cancerbero se utiliza como sinónimo de 'guardameta'). Tenía tres cabezas (o bien cincuenta), cola de serpiente y a veces garras de león, y no permitía a nadie salir del infierno. Sólo Orfeo fue capaz de amansarlo con su música. Hércules acabó con él en el que fue su duodécimo trabajo. 

Nix, hija del Caos y hermana del Érebo (las tinieblas), personificaba la Noche. La Hidra era una serpiente acuática de múltiples cabezas que vivía en Lerna; como Cerbero, descendía de Equidna y Tifón.

6 de julio de 2015

El turista cultural

YA hace décadas que el viajero ha sido sustituido por el turista y el viaje por el turismo de masas. Las riadas de turistas invaden hasta el último rincón del planeta, se asoman a la tribu más recóndita de África o del Amazonas y van provistos de teléfonos móviles. No hay ya lugares por descubrir en el mundo, hasta el punto de que para los próximos años se están ya queriendo programar excursiones turísticas a Marte. Alguno será el primero en pisar el planeta rojo y detrás de él vendrán todos los demás. La maldición de una playa desierta, siempre se ha dicho, es que la descubra un reportero de un diario de tirada nacional y muestre su foto en el suplemento dominical de viajes: la playa dejará de ser desierta cuando antes sólo era conocida por unos pocos.

Lo mismo ocurre con el turismo cultural. Las Pirámides, la Acrópolis o el Coliseo son asediados por las masas de turistas durante el período vacacional, y casi, en realidad, durante cualquier época del año. En los museos, las muchedumbres se agolpan ante la Monna Lisa y el David o bajo los techos de la capilla Sixtina después de largas colas. Todo ello básicamente para hacerse un selfie y nada más; para poder decir al llegar de vuelta a casa, «yo estuve allí».

Cuando en los libros de texto veíamos una añosa fotografía del Partenón, no imaginábamos que aquel templo estaba ubicado en un lugar real y que, andando el tiempo, para visitarlo, nos veríamos en la tesitura de madrugar si queríamos evitar las colas y el infernal calor del mediodía. Resultó que había que ascender un sendero que conduciría previamente a una taquilla donde pagar un tique de entrada. Y resultó luego que nos veríamos rodeados de infinidad de grupos turísticos prestos a hacer y hacerse fotos por doquier. Esto sigue siendo hoy más o menos igual, incluso peor, que entonces.


Podríamos decir, parafraseando al filósofo Ortega y Gasset, que hoy día la cultura está llena de turistas; que los grandes museos están llenos de turistas; que Grecia y Roma están llenas de turistas. Pero, por otro lado, a pesar de todo ello, también es justo reconocer que el turista cultural tiene en su vida una cita ineludible con Grecia y Roma, los lugares esenciales de donde proviene nuestra civilización occidental. 

El periodista, escritor y viajero Javier Reverte (Madrid, 1944) se confiesa turista en su último libro sobre Roma titulado Un otoño romano (2014), obra menor en comparación con Corazón de Ulises (1999), que comentaremos en otra entrada de este blog. Y como turista ha vuelto a visitar por enésima vez los lugares más emblemáticos de la Roma clásica y renacentista, los museos más frecuentados y los menos, aprovechando una estancia de tres meses de becario especial en la Ciudad Eterna, con el fin de escribir este Otoño romano.

Estructurado en forma de diario, el libro aprovecha oportunamente textos y frases de famosos escritores que visitaron Roma en el pasado, como Goethe o Stendhal. Cada monumento, cada obra artística, cada personaje van seguidos de una extensa (y tediosa) digresión cultural, histórica o biográfica, según se trate. De este modo, como en la ciudad misma, conviven en el libro el presente y el pasado, la experiencia personal (de restaurantes, transportes o gastronomía) y el apunte cultural procedente del estudio de manuales y de guías (eso sí, convenientemente personalizado por el autor).

En relación con el pasado (o cultura clásica), Reverte dedica amplio espacio a episodios de la historia de Roma; a César, Cicerón —al que en un momento dado llama «tocapelotas»— y los emperadores Augusto y Adriano. Entre los poetas, son convocados a sus páginas Virgilio y Ovidio; este último, traído por los pelos, por el simple hecho de ver el escritor pasar delante de sus ojos a unas jóvenes romanas (si es que eran romanas y no rumanas) que le hacen pensar en el arte de amar.

Fuera de Roma, Reverte da cuenta de un par de excursiones: a los Castelli Romani y a Tívoli. Y de dos escapadas a Venecia y Pisa para impartir la misma conferencia sobre literatura viajera. «Hablé mucho de Ulises, de los trágicos griegos y de los poetas romanos», declara (p. 259). Con los clásicos, éxito garantizado.

Una bibliografía y un índice onomástico cierran el libro, que además está provisto de un cuadernillo central con fotografías alusivas al texto.


Javier Reverte, Un otoño romano, Barcelona: Plaza & Janés, 2014.